Una alternativa revolucionaria en las elecciones brasileñas

Aunque la victoria electoral de Lula y la cobertura de los medios internacionales dieron la impresión de que hubo una única candidatura de trayectoria en la izquierda brasileña, sin otra alternativa, un elemento fundamental de las elecciones de 2002 fue justamente la existencia de una candidatura da izquierda revolucionaria que permitió rescatar y mantener la lucha por la independencia de clase y el socialismo. Y eso en el mismo momento en que el PT la abandonaba definitivamente para abrazar una posición de “centro-izquierda“.

En estas elecciones serían electos, además del presidente y el vicepresidente de la República, los gobernadores de los 27 Estados y renovados los 2/3 del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados nacional y de las Asambleas Legislativas provinciales.

Le cupo a José Maria de Almeida, operario metalúrgico y miembro de la dirección ejecutiva de la Central Única de los Trabajadores, la tarea de personificar, en su condición de candidato a presidente de la República, ese rescate. La elección de su nombre tuvo importancia política y simbólica, pues fue él, cuando aún era metalúrgico en el ABC, quien propuso en el Congreso de los Metalúrgicos del Estado de San Pablo, realizado en la ciudad de Lins, en 1979, la moción por la construcción del PT en Brasil.

El PSTU presentó, además, 21 candidatos a gobernadores en los Estados y el Distrito Federal; 26 candidatos al Senado; 47 candidatos a diputados federales y 118 a diputados estaduales.

La lucha por el frente de los trabajadores

La confirmación da candidatura de Zé Maria a la presidencia de la República y de la lista del PSTU sólo se dio después de una dura batalla, de una campaña por un Frente de los Trabajadores encabezado por Lula, con un vice del Movimiento de los Sin Tierra (MST), y un programa de ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). Esa batalla fue librada durante más de seis meses: de setiembre de 2001 a abril de 2002.

El PT no sólo se negó a abrazar esa pro-puesta, sino que escogió como vice de Lula al empresario José Alencar, dueño de uno de los mayores grupos textiles del país, Coteminas, de Minas Gerais. Además de eso, formó una coali-ción nacional, y en buena parte de los Estados, con el Partido Liberal (PL), un partido burgués de derecha que, durante el primer mandato del presidente Fernando Henrique Cardoso fue parte de la base de sustentación parlamentaria del gobierno.

El programa del PT, elaborado por el llamado Instituto Ciudadanía, defendió el mantenimiento de los contratos estipulados por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso con el mercado financiero internacional, se comprometió con el pago de las deudas externa e interna, a respetar las metas impuestas por el FMI y a seguir las negociaciones para la implementación del Alca.

El PT a la derecha; parte de las masas, a la izquierda

Pero, mientras el PT y Lula giraron a la derecha, lo mejor de la vanguardia del movimiento obrero, popular y estudantil y una parte significativa de las masas giraron a la izquierda, saturadas por las consecuencias económicas y sociales de los planes de hambre impuestos por el imperialismo y aplicados por el gobierno de Cardoso.

Una importante expresión de lo que afirmamos anteriormente fue la victoria del plebiscito popular contra el Alca que movió decenas de millares de activistas de los movimientos sociales y acumuló más de 10 millones de votos exigiendo el fin de las negociaciones.

Esta contradicción entre el PT y lo mejor de la vanguardia de los movi-mientos sociales se va expresando en un gran cuestionamento al curso de este partido y también en importantes rupturas de cuadros y grupos regionales. En Florianópolis, capital del Estado de Santa Catarina, se realizó el 31 de agosto una reunión con más de 100 activistas. Convocada por militantes del PSTU y varios militantes petistas, contó entre los presentes con Ricardo Freitas, ex-miembro de la Ejecutiva Municipal del PT, Lázalo Bregue, concejal suplente del PT en Florianópolis, Ana Aquini, ex-presidente del sindicato de los profesores provinciales, y Fernando Ponte, profesor de la Universidad Federal de Santa Catarina. El objetivo era discutir las bases políticas y programáticas capaces de unir a los socialistas en un nuevo partido de la clase. Su resultado fue la constitución del MIS (Movimiento de Iniciativa Socialista), del cual forman parte el PSTU, ex-militantes petistas, compañeros que continúan en las filas del PT y activistas sin partido.

El cuestionamiento al actual curso del PT lo levantan, incluso, cuadros históricos del movimiento obrero, como Waldemar Rossi, de 69 años, miembro de la Pastoral Obrera, participante de la fundación de la CUT y del PT. En una entrevista con Opininión Socialista, el periódico del PSTU, cuando se le preguntó qué opinaba sobre el lanzamiento de la candidatura de Zé Maria a la presidencia de la República, Rossi afirmó: “(…) la actitud es coherente y valiente. Los compañeros que presentaron una candidatura en la izquierda, además de Lula, saben que no es una alternativa en términos de peso popular en las elecciones. Para mí, tiene el mérito de ser una señal de protesta a ese rumbo impuesto por la dirección del PT, de apostar a construir una alternativa y de contribuir al desarrollo de una conciencia crítica“.

No sólo Waldemar Rossi, sino muchos militantes petistas y activistas de los movimientos sociales, a pesar de que no votaron al PSTU, vieron no sólo como legítima, sino como una necesidad, la candidatura de Zé Maria a la presidencia de la República para levantar las banderas de la lucha contra el imperialismo y los planes neoliberales, y en defensa de un programa anticapitalista, de las reivindicaciones de los trabajadores y de la independencia de clase, abandonadas y rechazadas por el PT.

Otra expresión importante de lo que afirmamos anteriormente fue la decisión del Movimiento de los Sin Tierra (MST) de declararse “independiente“ durante el 1º turno de las elecciones presidenciales. O sea que el MST resolvió no declarar oficialmente el apoyo a Lula en el 1º turno.

En este marco, hubiera sido un profundo error político no presentar una alternativa so-cialista revolucionaria independiente en las elecciones brasileñas. Fue este conjunto de factores los que hicieron que el PSTU confirmase la candidatura de Zé Maria a la presidencia de la República y una lista propia de candidatos en todo el país, en el primer turno de las elecciones brasileñas.

Una campaña antiimperialista y de clase

El primer eje del programa del PSTU fue la lucha contra el imperialismo. El partido defendió la ruptura de todos los contratos y metas impuestas por el FMI, lo que incluía desde el no pago de las deudas externa e interna a los grandes banqueros y especuladores hasta la ruptura del último acuerdo sellado con el Fondo, en “las últimas luces“ del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

El PSTU fue, en la práctica, el único partido de la izquierda brasileña que hizo del plebiscito popular sobre el Alca una prioridad. Los 10 millones de votos logrados en este plebiscito fueron tanto o más importantes para el Partido que los 400 mil votos recibidos por Zé Maria para la presidencia. El PSTU declaró, al contrario del PT, que la campaña contra el Alca era un punto clave en la lucha contra la recolonización impuesta por el imperialismo americano, por eso se dedicó, en plena campaña electoral, a garantizar su éxito.

En la semana del 1° al 7 de setiembre, los militantes del PSTU estuvieron presentes en los sindicatos, lugares de trabajo, escuelas, universidades, barrios y parroquias de todo el país, junto con los compañeros del MST, del movimiento popular y de las pastorales sociales de la Iglesia, organizando el plebiscito. Todos los programas de TV del partido hacían referencia a la campaña contra el Alca. En todos los actos contra el Alca, desde el Foro Social Mundial hasta la entrega de los resultados, en los días 17 y 18 de setiembre, en Brasilia, ondeaban las banderas del PSTU.

Denuncia del gobierno, de los planes neoliberales y de la democracia de los ricos

La campaña del PSTU era un verdadero contrapunto a las demás campañas electorales, inclusive a la del PT. Mientras los partidos burgueses y el mismo PT hacían promesas vacías, como por ejemplo 10 millones de empleos, al mismo tiempo que se comprometían con el pago de la deuda y el ajuste del FMI, el PSTU denunciaba al gobierno de FHC y los planes neoliberales como los grandes responsables por el hambre y la miseria de nuestro pueblo: 12 millones de desempleados; un salario mínimo que no llega a 70 dólares mensuales; flexibilización de la jornada de trabajo y ataques a las conquistas laborales; privatizaciones de las empresas estatales y servicios públicos y cortes de los gastos en las áreas sociales.

Al contrario del PT y de Lula, que defen-dieron los “contratos“ con el mercado financiero, el nuevo acuerdo con el FMI y los pilares de la “estabilidad“ neoliberal, fundada en la miseria de nuestro pueblo, Zé Maria repetía diariamente que no es posible generar millones de em-pleos, aumentar los salarios y garantizar inversiones en las áreas sociales sin romper con el FMI e impedir el Alca, dejar de pagar la deuda pública a los grandes banqueros y atacar las ganancias de los capitalistas.

También en el terreno político hubo un contrapunto: mientras Lula y el PT no atacaban a nadie (lo que quedó marcado en la prensa por el slogan “Lulinha paz y amor“), Zé Maria y el PSTU denunciaban, desde el primer turno a José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), como el representante de Fernando Henrique Cardoso y el candidato preferido del imperialismo norteamericano, de los grandes banqueros, empresarios y latifundistas.

Otra marca de la campaña del PSTU fue la denuncia de “la democracia de los ricos“. Las propuestas de la IIIa Internacional sobre cómo intervenir en los procesos electorales fueron la inspiración para la denuncia del régimen controlado por los partidos burgueses, con sus campañas millonarias financiadas por banqueros, empresarios y latifundistas. Al contrario de los candidatos del PT, preocupados por aparecer como gente “responsable“ en la TV y elogiando la conducta del presidente Fernando Henrique Cardoso y de la Justicia Electoral controlada por el gobierno, el PSTU trató de desenmascarar el proceso electoral antidemocrático en el cual la gran prensa privilegiaba las candidaturas encuadradas en el status quo, comprometidas con el FMI, el Alca y los contratos con el mercado financiero. Éstas eran tratadas por los medios no solamente como las “principales“ sino, muchas veces, como las únicas candidaturas.

El combate contra la opresión

Había una tradición del movimiento obrero y del propio PT de levantar una política y un programa para los sectores más explotados y oprimidos de la clase trabajadora. En la campaña del PT de 2002, los jóvenes, las mujeres, los negros sólo servían de piezas de propaganda para atraer votos. Pero estos sectores vieron en las propuestas del PSTU la defensa de sus derechos y reivindicaciones.

La candidata a vicepresidente, la profesora Dayse Oliveira (una mujer negra) y la candidata al Senado por Minas Gerais, Soraya Menezes (mujer, negra y lesbiana) fueron dos grandes figuras públicas de la campaña del Partido. En varios estados, algunas candidaturas del partido eran encabezadas por compañeros ligados a los movimientos de negros, mujeres, gays y lesbianas.

La Campaña del PSTU buscó rescatar lo mejor del PT original

El PT que, en 1982, cuando disputó sus primeras elecciones como partido legal, tenía como consignas “trabajador vota trabajador“ y “vote 3 (número de la lista del partido en esa época) que el resto es burgués“ y denunciaba las propuestas de pacto social, no existe más. El PT que denunciaba al imperialismo norteamericano, su rapiña y agresiones contra los países latinoamericanos es cosa del pasado. El PT que colocaba sus campañas electorales al servicio de las luchas y de las reivindicaciones de los trabajadores tampoco existe más.

En su lugar, surge un nuevo PT, cuya coalición con el Partido Liberal (PL) de José Alencar enterró, definitivamente, todo vestigio de independencia de clase en sus propuestas, que pasó a defender el pacto social y la alianza entre capital y trabajo para desarrollar el “mercado interno“.
Pero la campaña y las candidaturas del PSTU buscaron rescatar lo mejor que había en el PT en sus orígenes. Hasta los consignas del Partido fueron en busca de este rescate: “Contra burgués vote 16“ (16 es el número de la lista del PSTU), “Romper con el Alca y el FMI“, y “No Pagar la Deuda Externa“.

La actividad electoral del PSTU estuvo totalmente puesta al servicio de las luchas y actividades de los movimientos sociales, como las ocupaciones de tierra del MST, en el momento en que el PT las desautorizaba, y, en particular, de la campaña contra el Alca.

Los resultados electorales y la construcción del Partido revolucionario
Es indiscutible que Lula y el PT eran una gran referencia de masas en las elecciones brasileñas, tanto que ganaron las elecciones presidenciales. Sabíamos que la mayoría absoluta de los trabajadores, que se inclinaba a la izquierda, votaría a Lula y al PT. Sabíamos también las inmensas dificultades que tendríamos para alcanzar el coeficiente electoral exigido por la antidemocrática legislación brasileña para obtener parlamentarios.
Pero la postulación de la candidatura de Zé Maria a la presidencia y de una lista propia del PSTU no se basaba en un mero cálculo electoral, sino en una impostergable necesidad política: afirmar frente a las amplias masas una alternativa revolucionaria y socialista.

En este marco, esas candidaturas tuvieron un resultado electoral victorioso que reafirmó el acierto de su presentación. El partido duplicó los votos de Zé Maria a la presidencia de la República: fueron más de 400 mil votos (lo que equivale al 0,5% del electorado del país) contra los 200 mil de 1998, cuando el partido se presentó la candidatura de Zé Maria por primera vez. En el estado de San Pablo, por ejemplo, la votación de Zé Maria se cuadruplicó. Más aún, obtuvo índices cercanos al 1% en varias ciudades importantes: San Pablo, 0,7%; Río de Janeiro, 0,9%; Florianópolis, 1%; São José dos Campos 1,3%. Estos votos se dieron fundamentalmente en las regiones obreras y en la periferia de las grandes ciudades. Pero, a pesar de estos significativos resultados, el Partido no consiguió el coeficiente electoral exigido para obtener parlamentarios.

El voto al PSTU fue un voto de protesta contra el hambre, la miseria y el desempleo y contra el régimen que sustenta estas políticas. Sin embargo, el voto al PSTU fue más que eso. Fue el voto a un programa y una política que tuvieron el coraje de decir la verdad a los trabajadores.

Esto es lo que explica por qué muchos activistas que terminaron por votar al frente popular, presionados por el “voto útil“ para derrotar al candidato del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, decían que “el PSTU tenía razón“, incluso aunque votasen por Lula.

Por esto, decenas de intelectuales y profesores de las universidades brasileñas firmaron un manifiesto nacional de apoyo a la candidatura de Zé Maria. Manifiesto que fue subscrito también por el intelectual norteamericano James Petras, quien afirmó en un mensaje enviado al partido: “Si alguien está contra el Alca, el FMI y a favor de la reforma agraria debe votar por Zé Maria, recordando que es mejor votar por un candidato que nosotros querramos y que no sea electo que ganar con un candidato que no queremos“. Arlette Laguiller, candidata a presidente de Francia por Lutte Ouvrière, en un mensaje al PSTU, también se solidarizó con la candidatura de Zé Maria: “la candidatura de un militante obrero revolucionario permite que la voz de las reivindicaciones de los trabajadores brasileños sean escuchadas“.

Incluso durante la campaña electoral, mil nuevos compañeros entraron al PSTU. Son obreros, profesores, estudiantes universitarios y secundarios, jóvenes de la periferia de las grandes ciudades, militantes del movimiento popular y de la campaña contra el Alca que adhirieron al marxismo revolucionario y se dispusieron a militar en las filas del Partido. Compañeros como Alessandra Fahl, de San Pablo, que afirmó a Opinión Socialista: “Fui militante de Articulación de Izquierda del PT. Rompí después de un análisis del largo proceso de distanciamiento de la clase trabajadora por parte del PT. Resolví, en realidad, resolvimos (un grupo de cuatro compañeros) ingresar en el PSTU. ¿Y por qué el PSTU? Para construir un partido capaz de reafirmar que solamente la clase trabajadora puede hacer algo por ella misma“.

La segunda vuelta de las elecciones

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y de los gobiernos de ocho estados federales, el 27 de octubre, el PT disputaba contra candidatos de los partidos burgueses y oficialistas. Lula disputó las elecciones presidenciales con José Serra, do PSDB, el candidato de Fernando Henrique Cardoso. La posición del PSTU fue el llamado al voto crítico por Lula para la presidencia de la República y por los demás candidatos del PT que disputaban en el segundo turno a los gobiernos provinciales.

La mayoría de los trabajadores, al ver la posibilidad de derrotar electoralmente al candidato del gobierno y del imperialismo, depositó en Lula y en el PT sus esperanzas de cambios radicales en la situación económica y social del país. Por eso, el PSTU se sumó a la clase trabajadora y llamó a votar por Lula.

Pero, al igual que en el primer turno, el Partido dejó claro que el llamado a votar por Lula y el PT, contra José Serra y los demás candidatos burgueses en los Estados, no significaría apoyo al programa social-liberal del PT, sus compromisos con el imperialismo y las alianzas con los partidos burgueses.

En su volante nacional para la 2º vuelta, el PSTU alertó a los trabajadores que ese programa del PT, sus compromisos y alianzas impedirían los cambios necesarios para atender las reivindicaciones de los trabajadores y mejorar la vida del pueblo y que, si el futuro gobierno no rompía con el Alca y el FMI, sería aún peor que el de Fernando Henrique Cardoso.
El partido hizo además un llamado a los trabajadores a que no depositaran ninguna confianza en el futuro gobierno de Lula y preparasen la lucha en defensa de sus necesidades y reivindicaciones. La preparación de un gran partido revolucionario alternativo al PT ya comenzó.