LIT: Fora Bashar Al Assad! Não à intervenção imperialista! (em espanhol)

Navio Destroyer norte-americano Ramage

Leia a declaração da Liga Internacional dos Trabalhadores sobre a ameaça de intervenção imperialista na Síria

Los gobiernos de las principales potencias imperialistas, además de Turquía, están preparando un ataque militar en Siria. Incluso después de la derrota de Cameron en el parlamento británico, que votó contra la participación inglesa en el conflicto, el gobierno de Obama declaró que está preparado para actuar en solitario, a lo sumo con el apoyo de Francia.

El imperialismo, cínicamente, afirma que esta intervención armada tendría objetivos “humanitarios” y sería  para “proteger civiles” sirios, usando como pretexto el brutal y repudiable ataque con armas químicas en los suburbios de Damasco, en el cual murieron al menos 1.400 personas.

Según informó el Washington Post, EEUU está considerando una intervención militar limitada en cuanto a su duración y objetivos. El operativo militar, en conjunto con otras potencias, consistiría en el lanzamiento de misiles –durante pocos días- desde el mar contra blancos militares, no restringiéndose necesariamente a aquellos relacionados a armamento químico.

La presencia en la zona del Mediterráneo Oriental de varios buques de guerra de la marina estadounidense, armados con misiles crucero y en posición de combate, además de otros pertenecientes al Reino Unido y Francia, refuerzan esta hipótesis.

De concretarse esta modalidad, no sería una acción que busque derrocar directamente a Al Assad, sino más bien debilitarlo y forzar al régimen a aceptar una salida y transición negociadas, política que hasta ahora está privilegiando el imperialismo.

La propia Casa Blanca confirmó, a través de su portavoz Josh Earnest, cuando éste afirmó ante el Congreso estadounidense que la acción será “limitada” y que en “este caso ni se busca una invasión ni el cambio de régimen”. También Hollande, presidente de Francia, declaró que el objetivo sería “frenar” el uso de armas químicas y que “no se trata de derrocar” a Al Assad.

Dentro del abanico de posibilidades militares, el imperialismo está barajando aquellas opciones con el menor costo político, en medio de un país y una región sacudida por un poderoso proceso de revoluciones populares. En este marco, esta alternativa sería la menos arriesgada para el imperialismo, que carece de condiciones políticas –sólo 25% de la población aprueba involucrarse en otro conflicto armado- para poner sus botas en Siria a través de un ataque terrestre.

Incluso una zona de exclusión aérea está siendo sopesada con el mayor de los cuidados, pues las defensas antiaéreas del régimen de Al Assad no son despreciables.

Sabemos que muchos combatientes rebeldes, que luchan de forma heroica para liquidar a una tiranía monstruosa que controla el país hace 40 años y que desde el comienzo de la revolución ha cometido las peores atrocidades contra la población civil, pueden ver esta posible intervención del imperialismo como una “ayuda” o una “protección” en su lucha desigual contra el déspota de Damasco.

En el marco de nuestro completo e incondicional apoyo a la lucha de ese pueblo para derrocar a Al Assad, afirmamos que ninguna intervención del imperialismo tiene ni tendrá ese fin.

Su intervención no será “humanitaria”. No será para “salvar vidas” o para “defender derechos humanos”. Mucho menos para que “triunfe la revolución”; pues si EEUU hubiera deseado ayudar realmente a los rebeldes sirios para que derroquen a Al Assad, hace mucho tiempo y vidas les hubiera suministrado, sin condiciones, las armas pesadas que tanto necesitan, como aviones, tanques y misiles antiaéreos.

El imperialismo se mete para intentar imponer su peso militar y ser el eje del nuevo poder que reemplace a Assad, para influir directamente y garantizar un acuerdo que contemple sus intereses actuales y potenciales tras una posible caída de Al Assad.

El imperialismo siempre interviene con sus propios objetivos, que invariablemente pasan por sus afanes de dominar directamente la economía y la política del país que agrede. Fue ese el motivo de la invasión a Irak y Afganistán. También esa es la razón por la cual apoya a Israel en la usurpación del territorio y la limpieza étnica contra el pueblo palestino y por el cual sostiene a la  ultra reaccionaria monarquía de Arabia Saudita, de la cual se valió para reprimir la justa lucha del pueblo de Bahréin contra su gobierno, otra monarquía títere del imperialismo.

Y este es el objetivo también en Siria. El discurso sobre supuestas motivaciones humanitarias como la “proteger civiles” es un canto de sirena que no debe engañar a los combatientes sirios ni a la izquierda mundial. Prueba de ello es la propia actuación del imperialismo en lo que va de la guerra civil en Siria.

La política del propio Obama, incluso hasta un tiempo después de haber comenzado el levantamiento popular contra la dictadura siria, fue de apoyo a Al Assad, quien le prestó valiosos servicios en cuanto a la seguridad de Israel y la estabilización de la región.

La hipocresía del imperialismo no tiene límites. Mientras Al Assad era capaz de garantizarles estabilidad, Obama y las principales potencias europeas siempre cerraron los ojos ante  toda la represión y crímenes de su cruenta dictadura.

El imperialismo retiró su apoyo al dictador –no al régimen en sí-  solamente cuando cayó en la cuenta de que mantenerlo, ante la lucha armada del pueblo sirio, se hizo insostenible desde el punto de vista del principal interés de EEUU en este momento: estabilizar el país y derrotar a la revolución en toda la región.

Sin embargo, la posición del imperialismo a favor de la salida de Bashar Al Assad, no significa que haya abandonado la política de negociar una salida, hasta donde sea posible, entre el régimen y los sectores pro imperialistas de la oposición, como el Consejo Nacional Sirio (CNS).

En ese marco, frente a una situación de guerra civil, que desestabiliza toda la región y se arrastra sin salida a corto plazo y delante de la  negativa a negociar de la dictadura de Al Assad, EEUU trata de intervenir para poder derrotar a la revolución y garantizar su dominio, aunque sea sin Bashar.

Su objetivo, entonces, no es “liberar” al pueblo sirio sino intentar convertirse en los nuevos señores y buscar imponer un dominio colonial, como hicieron tantos otros países.

El imperialismo busca el control directo. Entrará para intentar impedir que sea el pueblo sirio o los rebeldes que estuvieron al frente de la lucha y pusieron el dolor, el sudor y la sangre de sus mártires los que gobiernen después de la derrota del tirano.

Al contrario, exigirán el desarme de todos los revolucionarios para que ellos – o sus títeres, que no faltan ni faltarán- detenten el monopolio militar, y así tratar de “estabilizar” el país en el sentido de sus intereses. Pero nada indica que cumplir estos planes será una tarea fácil para el imperialismo, como no lo está siendo, por ejemplo, en Libia, debido a que una grandiosa revolución está en curso en Siria y toda la región.

¿Por qué la posible intervención?
Para entender porqué el imperialismo intervendría militarmente ahora, siendo que durante casi todo el conflicto evitó hacerlo, es necesario analizar la situación militar en Siria.

En estos últimos meses, el régimen obtuvo avances militares importantes, recuperando posiciones estratégicas que habían pasado a manos rebeldes. Pero estas victorias estuvieron asentadas, fundamentalmente, en la superioridad armamentista y en la ayuda material externa que recibe de Hezbolá, Irán y Rusia. Sin esta superioridad militar y la  ayuda externa, sería muy difícil que existiesen estos avances.

Esto se demuestra en la evidente dificultad que tiene el régimen para hacer operaciones terrestres de gran envergadura con sus propias tropas, unas tropas que no tienen la moral que tienen los rebeldes. Por eso recurre sistemáticamente a cercos apoyados en ataques aéreos o al lanzamiento de misiles, que no exigen el combate directo. Hay informes de que el régimen tiene muchas dificultades y debe apelar a duras represiones internas para evitar deserciones masivas de sus soldados y oficiales.

Eso explica por qué, a pesar de los últimos avances assadistas en la frontera de Líbano o en Homs,  las distintas fuerzas de la resistencia continúan controlando una parte importante del territorio de ese país. El Ejército Libre de Siria (ESL), a pesar de la contraofensiva de los últimos meses, que le costó tremendas pérdidas en vidas y material militar, aún controla barrios enteros en la periferia de la propia capital, Damasco.

Es decir, a pesar de las victorias militares, el régimen no tiene la capacidad para aplastar definitivamente a la revolución, ni siquiera en Damasco. Lo mismo en otras ciudades importantes, como en Alepo, donde recientemente los rebeldes tomaron una de las principales bases aéreas del régimen.

Es esta situación, de victorias tácticas pero en el marco de un panorama a largo plazo más desalentador, que hizo que la dictadura deflagrase un sistemático y devastador bombardeo  sobre los suburbios de Damasco y, como apuntan las denuncias, recurriera a su arsenal químico en una escala que hasta ahora no había empleado. Su objetivo con esta escalada de ataques, incluso con gases venenosos, no puede ser otro que el exterminio, es decir, limpiar Damasco de rebeldes e infundir el terror más completo en toda la población.

El imperialismo, ante esta dinámica de consecuencias imprevisibles, intenta resolver a su favor una situación marcada por una guerra civil enquistada y que se arrastra por dos años y medio en una región estratégica.

Intervendrá para demostrar presencia militar en esa región y forzar una negociación con Al Assad para una “transición” que tienda a estabilizar el país y la región, condición importante para continuar el saqueo imperialista. Si la negociación no es posible, intentarán imponer un nuevo gobierno, sin Assad, bajo el control directo del imperialismo.

El castro chavismo, usa las amenazas de intervención imperialista para justificar aún más su apoyo nefasto al dictador genocida de Siria -como apoyaron al sanguinario Gadafi-, afirmando que si lo atacan es porque Al Assad sería un “líder antiimperialista y antisionista”. Ya están haciendo un llamado para que los pueblos y la izquierda apoyemos y nos unamos con Al Assad por su supuesto papel en la “resistencia” al imperialismo.

Pero la realidad es contraria al discurso castro chavista. El régimen del clan Assad no tiene nada de “antiimperialista”. Ha sido pieza importante en el esquema de dominación imperialista y sionista en la región, siendo, sobre todo en los últimos años, fiel aplicador de las recetas neoliberales del FMI y garante de las fronteras del Estado nazi-sionista de Israel, contra el cual no ha disparado una bala en 40 años, mientras masacra a su propio pueblo.

Según el cuento de ficción que nos narran los castro-chavistas, Al Assad también sería un opositor radical a Israel y protector de los palestinos. Pero la realidad demuestra que durante el curso de la guerra civil, entre todos los crímenes de lesa humanidad que cometió, Al Assad se apuntó el de bombardear sistemáticamente campos de refugiados palestinos, cuando un sector de estos se pasaron a la oposición, como es el caso de Yarmuk, en Damasco, hoy bajo un cerco que les impide recibir alimentos y medicinas.

Estamos completamente en contra de la intervención del imperialismo, pero esto no nos puede llevar a apoyar a la sanguinaria dictadura de Al Assad, que masacra a su pueblo sin ningún miramiento, un pueblo que lucha denodadamente por acabar con su régimen. Esto es lo que hace el castro chavismo y por eso se ha transformado en cómplice de los horrendos crímenes de esos dictadores.

La clase trabajadora y pueblos del mundo debemos estar más que nunca al lado de la revolución siria en contra la dictadura de Al Assad y, al mismo tiempo, repudiar que el imperialismo pueda intervenir en este país.

Es necesario que en los países imperialistas desmontemos la campaña que están haciendo para justificar su intervención militar, movilizándonos contra los gobiernos que preparan los planes de intervención armada. Debemos denunciar que la posible intervención, aunque se la pretenda cubrir de un manto “humanitario” a partir de las horrorosas masacres de Al Assad, pues su objetivo real es imponer nuevos amos al pueblo sirio.

La salida es otra: el apoyo total a los rebeldes. Esto significa el envío, sin condiciones y de forma inmediata, de armas pesadas y todo tipo de suministros, como medicinas y equipamientos para la resistencia siria, así  la  abertura de las fronteras de los países para el paso de esta ayuda y de los aquellos luchadores que estén dispuestos a combatir contra Assad.

Al mismo tiempo, exigimos, en todos los países, la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con la dictadura siria.

¡Fuera Al Assad; No a la intervención imperialista!

¡Movilicémonos en todos los países apoyo a la revolución siria y contra los planes de invasión imperialistas.

¡Exijamos la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con la dictadura siria!

¡Que los gobiernos del mundo envíen armas y medicinas para los rebeldes sirios!

 ¡Por el triunfo de la revolución siria!